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Thoughts

Un año después

Last picture of AutumnHace un año que dejé de vivir en Corea. Esta es la última foto que hice en el que fue mi barrio durante 3 años, Sinchon. Un árbol destilando colores de manera estruendosa, un ejemplo de la pasión por los colores intensos del otoño coreano.

En Barcelona la vida me trata bien, de una manera que no me lo esperaba. Acostumbrado a teletrabajar, volver a una oficina parecía una prisión, pero he tenido la suerte de acabar en un templo de la tecnología llamado ulabox. Ver como gente de otras empresas, a las que también aspiré, acaban a mi lado en este proyecto es un lujo. Y me fascina ser la cola de león en un equipo de titanes. Aprender y compartir conocimiento de nivel.

Del resto de mi vida este año, hay sucesos estupendos y otros no tanto. Pero me encanta que la idea que tenía para 2015 cuando volvía de Corea el año pasado no se parece en nada a lo que ha acabado sucediendo. Pensaba en trabajar un tiempo, hasta ganar lo suficiente para volver otra temporada a la tierra del kimchi. Pero ahora el realizarme personalmente y profesionalmente deja la vuelta a Corea en un segundo plano.

Si, echo de menos los colores de otoño, la rudeza del invierno, la vuelta a la vida en primavera y el agobiante verano. Y la gente, los amigos. Además del sueño de poder ir al centro del universo del baduk y compartir partidas con la élite. Pero todo esto, de momento, pasa a ser un plan de viaje, y no de vida. Aunque nunca la vida sale como la planeas.

Deberías cultivar vegetales

Growing tomatoesDesde hace al menos 8 años cada año he cultivado vegetales en casa. Incluso en mis 3 años en Corea, siempre encontré una manera de tener unas macetas con tomates y pimientos. Y os aseguro que si yo pude, viviendo en los zulos que he vivido (5m², una sola ventana), vosotros también podéis. No hay excusa posible.

Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo. Primero porque te das cuenta del proceso de creación de, p.ej. un tomate. De lo lento y difícil que es conseguir un tomate como el que compraste en el mercado. Acabas valorando más lo que comes. Y a la vez, cuando cultivas, acabas regalando más. A pesar del tiempo empleado, hay una necesidad de compartir los frutos. Algo que quizás llevamos en los genes desde la prehistoria y que nos ayudó a evolucionar.

Big corn saladLo que he visto tras vivir en Barcelona, Seúl y México DF es una total desconexión de los ciclos naturales y la gente. Preguntas a alguien de la calle cuando es la temporada de tomates y te dirá “todo el año”. ¿No es triste?

Es cierto que aun hay ecos del pasado rural en las ciudades. En Barcelona, hay tradiciones que hacen que, por ejemplo, se tomen castañas a final de octubre. O en Corea, debido a las marcadas 4 estaciones, se esperan boniatos en otoño y no en otras estaciones.

A veces imagino un futuro donde la gente en las ciudades esté obligada bajo multa a tener plantas en sus balcones, plantas comestibles. Al menos las ciudades serían más coloridas y sostenibles. Es cierto que arreglar el mundo a base de multas o reglas no es una solución, sino que la propia gente supiera de manera natural lo que deberían hacer. Hace falta más educación. O al menos más curiosidad.

Suwon, la ciudad amurallada olvidada

Towers and towersSuwon es una gran ciudad a la sombra de la gran metrópolis que es Seúl.

Muchas veces se ignora, teniendo una urbe tan grande como Seúl por explorar. De hecho incluso preguntando a coreanos de Seúl, algún vez me llegaron a decir: ¿para qué vas a Suwon? ¡Pues a ver la muralla!

Podría compararlo con Alcalá de Henares y Madrid: casi todos hemos ido a Madrid, pero casi nadie ha visitado Alcalá, a pesar de ser Patrimonio de la Humanidad. Hablando de Suwon, su fortaleza amurallada es Patrimonio de la Humanidad. Bien merece uno o dos días de visita.

La muralla de Suwon es increíble. Son 6 Km rodeando la antigua ciudad, con enormes puertas y torres a cada pocos metros. En el centro, un palacio. Toda el área se puede recorrer de punta a punta paseando sin problemas; el lateral oeste de la muralla empieza sobre una colina, pero el resto del trayecto es bastante llano.

PaldalmunLa manera más fácil de llegar a Suwon es en metro. Una vez en la estación, una opción es tomar un bus hasta la puerta sur, Paldalmun (팔달문). Otra opción es ir caminando por la calle Maesan-ro(매산로) o Hyanggyo-ro(향교로) y quizás comer en uno de los restaurantes de wang-galbi (costillas enormes, la especialidad de la ciudad).

Paldalmun (팔달문, “la puerta de los 8 pasos”) es una estructura circular de 25 metros de ancho y 9 de alto que alberga la entrada sur a la antigua fortaleza de Hwaseong. Desde ahí se puede ir andando a visitar el centro de la ciudad, el palacio de Haengung (Hwaseong-haenggung). Vale la pena buscar en internet actividades que se hagan en el día de la visita, porque suele haber de todo, desde actuaciones a prácticas con arcos. Además en octubre se hace el Festival de Hwaseong con varias representaciones y conciertos.

A stream crossing the wallEn el palacio se puede comprar la entrada para todos los lugares, incluso para pasear sobre la muralla, que aun estando totalmente abierta se pide una pequeña contribución.

Hay que salir del palacio e ir algunas calles atrás hasta poder acceder a la colina del oeste donde poder empezar a caminar. Lo ideal es llevar un plano para ir disfrutando de la posición en cada momento. Especialmente vale la pena pararse a ver la puerta norte, la entrada del riachuelo Suwoncheon y el puesto de comandancia del noreste.

En la ciudad de Suwon hay otros lugares de interés, incluyendo el pueblo folclorico (hay que ir en bus), o incluso el museo del toilet. Pero no hay nada como pasar un día en la fortaleza de Hwaseong. Para más información se puede acudir a la web de turismo o a la wikipedia (en inglés), de donde he tomado este mapa que muestra muy bien el área:
Hwaseong Fortress Sketch 2.jpg

En Asia ya nos hemos cargado el cielo

74ug/m³Cerca de mi primera casa en Corea había una pantalla/cartel que mostraba la contaminación del aire. Siempre pasaba por delante al ir a clase de coreano, así que poco a poco fui dándome cuenta que el aire en Seúl no es normal.

Me sorprendía ver que rara vez el valor de PM10 bajaba de los 50μg/m3, como marca el estándar de la Unión Europea: “no puede haber más de 7 días al año con media superior a 50μg/m3”. Seúl a mitad de Enero ya se habría saltado esa ley. Pero en Corea, como indica la pantalla, 100μg/m3 es lo normal. Y cada website coreano muestra escalas distintas.

El aire en 2012 no fue muy malo, pero en 2013 y especialmente en 2014 fue horrible.

En primavera suele darse el polvo asiático, un viento del oeste que trae polvo del desierto del Gobi. El problema es que China contamina mucho, así que ese viento también arrastra contaminación. Eso unido a la actividad ultraconsumista de Corea que también genera muchísima contaminación. Este último caso, de hecho, es el que muchos coreanos niegan: si el aire es horrible, la culpa es de China, es del polvo asiático; nada que ver con Corea, tierra verde. Un error de concepto que irán pagando con enfermedades respiratorias.

La mayoría de los habitantes de Seúl no tienen un concepto real de ecología. A pesar de tener un sistema de transporte público increíblemente bueno, prefieren conducir aunque sean cortas distancias y tarden un rato en aparcar: todo por mostrar status social, como marca la sociedad consumista. En los edificios hay contenedores para separar basuras, pero mucha gente lo tira todo al contenedor general. Los carriles bici son inexistentes, excepto junto al río, donde no cubren ninguna ruta importante. Y si les preguntas por ecología, lo más que te indican es algún parque ecológico.

Atención, no digo que en Europa hagamos las cosas bien. Más bien digo que en Corea (y China) la situación es de alerta máxima. El año pasado (2014) además de valores altísimos de PM10 también tuvimos de PM2.5, partículas más pequeñas que entran directamente en sangre. La sensación de aire quemado, escozor de ojos y falta de aliento fue una experiencia que no quiero repetir. Hace unos días, aun en invierno, ya llegó una tormenta de arena que dejó valores por encima de 900. Miedo da.

Nice weatherLo más triste es que ya sólo en otoño se pueden ver cielos azules. Los cielos altos de los que habla el proverbio coreano Cheon-go-ma-bi (천고마비, 天高馬肥), “cielos altos, caballos gordos”.

Recuerdo que en un examen oral de coreano me preguntaron por diferencias entre Corea y España y de pronto miré al cielo por la ventana, y sin pensarlo dije “el cielo”. Luego me tocó explicar que añoraba el cielo del Mediterráneo, siempre luminoso y azul profundo. Me aprobaron con nota, quizás porque no era un diálogo inventado en clase, sino real.

Un último planteamiento. Sobra gente en este planeta, mucha gente. Sobra consumismo, sobran productos cuya fabricación contamina y luego no sirven para nada. O echamos el freno, individualmente y como sociedad, o el futuro pinta muy gris. Si no me crees, prueba a vivir un mes en Pekín o Seúl esta primavera y me cuentas luego.

Mi yo técnico: a otro blog

Hace un par de años, tras un viaje a Kyoto, decidí darle más ritmo a este blog y centrarlo en mis experiencias en Asia. Mucho tiempo atrás ya separé el contenido sobre baduk de este blog, creando otro: badukaires.com.

Ahora, tras mi vuelta a Barcelona, me apetece también hablar sobre mi profesión, sobre ideas técnicas. Pero visto que este blog se centra en mis temas personales, he decidido abrir un blog técnico, www.liopic.me. Escrito en inglés, recupera temas técnicos que ya había escrito aquí hace años, y poco a poco iré hablando de técnicas más actuales, así como de nuevos hacks.

Así que a partir de ahora podréis encontrarme en 3 lugares distintos, según vuestro interés:

Echando de menos de Corea

Vuelvo al Mediterráneo por navidad y echo de menos Corea. Por supuesto, echo de menos mi gente de Asia, pero también pequeños detalles que necesitan de un contraste para darte cuenta que existen.

It's me!Empezaré por las cafeterías. El precio de un café en Corea es de los más altos del mundo. Pero a cambio puedes estar toda la tarde tranquilamente sentado estudiando o trabajando, y nadie te dirá nada. En España, pasada 1 hora el camarero ya te pregunta “¿algo más?”, creando una situación violenta (consume o vete). Y si al llegar abres tu portátil y pides la WiFi, la situación se tensa más. Según mi percepción, el tiempo de tranquilidad suele ser de 45 minutos en España, mientras que podría ser 2 horas en Corea.

La experiencia de ir al supermercado es algo que todo viajero debe hacer cuando va al extranjero. En Corea puedes ver enormes tubérculos y secciones enteras con encurtidos, lamyon (ramen) y derivados de la soja. Pero lo que echo de menos es el etiquetado: en Corea todo producto lleva las calorías indicadas claramente. Eso hace que rápidamente puedas ver si lo que estás comprando son bombas de azucar o comida sana.

Friday nightNo echo de menos pasear por las calles de Seúl, pues es toda una aventura. Cruzas el paso de cebra y un taxista se salta el semáforo casi rozándote. Vas por una calle con acera y una moto con remolque aparece de la nada obligándote a saltar a un lado. La educación vial ausente contrasta con la educación tradicional. El rápido desarrollo tras la postguerra marcó una sociedad con la necesidad de rapidez, ignorando toda respeto al volante. Si paseas un buen rato acabas de los nervios. Contraste total con Barcelona, donde las señales se respetan y sabes que no te espera una sorpresa a cada esquina. El único punto malo de las calles de Barcelona es el omnipresente olor a excrementos de perro y el tabaco.

Sorprendentemente echo de menos la comida japonesa. Al respecto a la coreana, tengo un restaurante coreano fabuloso cerca de casa, que suple mi esporádica necesidad de kimchi. Pero Seúl está plagado de japoneses, que se acercan en sabor a los de Japón. En España se asocia la comida japonesa al sushi, y encontrar un japonés auténtico, con su ramen (¡sin maiz!) o su donburi (con cebolla caramelizada), es difícil.

Echo de menos la gente honrada, por ejemplo los caseros que te devuelven la fianza completa al momento de devolverle las llaves de la casa. Echo de menos la vitalidad de la ciudad, donde todo está abierto a todas horas. Pero no echo de menos el aire contaminado. Ni tampoco las horribles websites coreanas.

Finalmente, echo de menos el baduk. Poder ver partidas en directo. Físicamente en el mismo lugar, o desde casa por televisión. La diferencia horaria con Europa hace que todos los grandes encuentros sean de madrugada. Al despertar ya todo se ha acabado.

La tarjeta mágica: T-money

TmoneyImagina que tuvieras una “tarjeta monedero” que te sirviera para todo. Para entrar al metro de Madrid simplemente tocando los tornos de acceso, tomar un tranvía en Barcelona, o un autobús en Toledo. E incluso pagar una chocolatina en una tienda 24 horas de Salamanca, o una llamada en una cabina telefónica de Cuenca. ¿Utopía?

Pues esta tarjeta monedero existe en Corea: la T-money. Cuesta 2500 won (1.85€) en cualquier tienda de 24h, y puedes recargarla allí mismo, o en las máquinas junto al metro. Lo habitual es usar la T-money con forma de tarjeta de crédito, pero también hay en tamaños más pequeños, como llaveros. Sirve en cualquier transporte público de cualquier ciudad o pueblo de Corea, así como en muchas tiendas, e incluso en taxis.

colgantes T-moneyEstos días he estado haciendo bastante turismo por toda Corea, y gracias a tener la T-money, no tienes que preocuparte por sacar billetes de transporte, o tener suficiente suelto para pagar el autobús. Virtualmente no necesitas saber que vale cada ticket, y solo tienes que ir recargándola cada cierto tiempo. Eso hace una experiencia turística más fluida.

Solo he visto una tarjeta monedero tan integrada en otro país: Hong Kong (octopus card). En otros países tienes que sufrir la experiencia de perder 10 minutos delante de un mapa críptico tratando de descifrar cuanto vale el ticket hasta tu destino, o acabar pagando de más en el autobús por falta de vuelta.

Si vienes a Corea, ¡es imprescindible!

Exhausto Seúl

Llevo casi 2 años y medio viviendo en Seúl. Una ciudad se puede retratar de muchas formas, pero lo que da alma al lugar son las gentes que lo habitan. Por eso, de entre todos los documentales que he visto sobre Seúl, me quedaría con “Bitter, Sweet, Seoul”.

En 2013 se recopilaron 11852 vídeos, de entre 2821 personas, reflejando detalles de Seúl. El ayuntamiento reclutó al famoso director Park Chan-wook (“Old Boy”) y su amigo Park Chan-kyong para la titánica labor de montaje.

El nombre inglés es “Bitter, Sweet, Seoul”, pero en coreano transmite más. El título original, “고진감래 (gojingamnae)”, es en realidad un refrán coreano con etimología antigua (苦agrio, 盡exhausto, 甘dulce, 來volver) que podría traducirse al español como “el que algo quiere algo le cuesta” o “a quien madruga Dios ayuda”. Trabajar incluso después de cansado.

Las gentes de Seúl tienen que trabajar duro, vivir duramente. “열심히 (yolsimhi)” es en coreano “con toda el alma”, un adverbio que aprendí nada más llegar. Es lo mismo que responde el vendedor de máscaras (minuto 7), tan ocupado en su trabajo que ni sabe responder si es feliz. Simplemente vive con todo el esfuerzo. Y a veces, como en el minuto 48, llega el dulce.

Imagino que no es un documental para todo el mundo, y quizás solo los que conocemos Corea podemos entender muchas sutilezas, reconocer los lugares, empatizar con la gente. Aunque como toda película, hay momentos malos. Por otro lado, para la gente que solo visita Seúl por unos días o semanas, quizás el video “Do you know South Korea?” sea más apropiado… pero se pierden la esencia: como vive la gente realmente. 열심히.

La ciudad del WiFi

Seúl es la ciudad del WiFi omnipresente. En cualquier lugar de la ciudad, hay un 50% de probabilidades de cazar una WiFi abierta. Y si no, caminando hasta la siguiente esquina te garantizas casi un 100%. Los que vivimos aquí acabamos mapeando mentalmente lugares con WiFi en el barrio: en el semáforo de la calle de abajo, al bajar las escaleras mecánicas del metro, en aquel banco…

Corea es el país con mayor velocidad de internet del mundo y además con una estabilidad increíble: en casa no me ha fallado nunca (repito, nunca) la conexión. Sin embargo, otros países cercanos como Japón no tienen WiFis abiertas. ¿Por qué?

router iptimeLa primera razón del WiFi abierto es la venta de routers sin contraseña por defecto. Mucha gente necesita WiFi en casa, donde suele haber solo cable de red, así que compra un router (desde 16€). Se enchufa y funciona, así que no se pierde el tiempo configurando una contraseña. Del mismo modo que el “tono Nokia” se convirtió en parte de la cultura popular, justo por ser el tono por defecto. Si ves una WiFi de nombre iptime, zio, netspot, etc… es justo este caso.

Además, en muchas casas coreanas la conexión es parte de la comunidad, especialmente las nuevas. Eso hace que tengas menos reticencias a que te roben el ancho de banda, pues ya lo compartes con los vecinos. Y si no es conexión comunitaria, el coste mensual es bajo (unos 15€ por 100Mbs), por lo que mucha gente no le importa compartir. Por cierto, en mi primera casa tuve que darme de alta y tardaron menos de 24 horas en conectarme ¡y el técnico se disculpó por haber tardado tanto en venir a casa! Cuando me fui de la casa, la baja de internet fue una operación telefónica sencilla.

tabletaComo colofón, hay muchísimas WiFis públicas. Por un lado, muchas calles comerciales tienen WiFi ofrecida por el ayuntamiento. Centros comerciales también ofrecen WiFi abierta. Y locales como cafeterías y restaurantes suelen tener WiFis cerradas, pero es habitual que te muestren la contraseña en un cartel junto al mostrador o en el mismo ticket de compra. Algunas cafeterías incluso te ofrecen un PC, o Mac, o incluso tableta (en la foto, tableta incrustada en la mesa), para que puedas navegar mientras te tomas el café.

En Corea hay 3 compañías de telecomunicaciones que se reparten el mercado. Si eres cliente de una, además tienes acceso a cientos de WiFis de la compañía, cerradas a no clientes. Al final, cada autobús y cada vagón de metro tiene 3 WiFis, una de cada compañía. Así es imposible no estar conectado.

Sin embargo, este año he decidido no tener teléfono coreano. El año pasado tenía SIM coreana (con 3G y LTE) de prepago, pero la devolví al ir a pasar el invierno a España. Ahora, con tanta WiFi disponible, no tengo necesidad real de tener línea telefónica. Con Kakao Talk (la app de mensajeria coreana, mejor que Whatsapp) me es suficiente.

Recuerdo hace 15 años, cuando se puso de moda el teléfono móvil, que me gustaba la idea de tenerlo por los SMS, pero no por las llamadas. Siempre he considerado que llamar es una ruptura del ritmo de la otra persona, una falta de respeto. El que recibe la llamada está obligado a responder al momento (aunque sea para decir “llame en 10 minutos”). Recibir un mensaje, por contra, no obliga a nada. Pueden pasar unos minutos sin contestar. Parece que por fin he llegado a la tierra soñada: mensajes + no-llamadas.

Kyoto

KinkakujiDe nuevo viaje a Japón. Y nuevamente tuve la suerte de pasar por Kyoto, durante día y medio.

Kyoto me sigue pareciendo una ciudad perfecta para pasear. La mayoría de las ciudades de Asia han crecido exponencialmente, abruptamente convirtiéndose en monstruos donde se rebosa gente. Incluso Seúl, con todos sus atractivos, es en realidad una gran colmena donde todos luchan por un metro de espacio, yo incluido. Y eso hace que se menosprecien grandes espacios públicos donde relajar los sentidos paseándose, aunque en los últimos años se está volviendo a pensar sobre esto.

En cuanto a población, Kyoto aparenta un pueblo tranquilo, teniendo más de 1 millón de habitantes. A veces pienso que Barcelona es demasiado pequeña, y otras veces demasiado grande. Por otro lado, ciudades como Tokyo, Seúl o México DF me parecen enormes, donde un poco de humanidad se pierde al tener que robar espacio vital para construir infraestructuras.

Kiyomizudera!No sé si en una vida paralela me gustaría vivir en Kyoto, pero si al menos tener más tiempo para pasear. Con su increíble herencia cultural, hay que visitarla durante al menos una semana. Visitar sus templos, comer donburi y ramen, pero también sufrir sus retrógrados autobuses y caros trenes.

En este viaje además pasé por Osaka, ciudad típica japonesa. También subí al monte Koya, un entorno fantástico, aunque nos nevó y casi morimos de frío. Finalmente pude comer la deliciosa carne de ternera de Kobe, en Kobe, con un sabor igual a la ternera normal pero con una textura delicada que casi se deshacía en la boca.