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Echando de menos de Corea

Vuelvo al Mediterráneo por navidad y echo de menos Corea. Por supuesto, echo de menos mi gente de Asia, pero también pequeños detalles que necesitan de un contraste para darte cuenta que existen.

It's me!Empezaré por las cafeterías. El precio de un café en Corea es de los más altos del mundo. Pero a cambio puedes estar toda la tarde tranquilamente sentado estudiando o trabajando, y nadie te dirá nada. En España, pasada 1 hora el camarero ya te pregunta “¿algo más?”, creando una situación violenta (consume o vete). Y si al llegar abres tu portátil y pides la WiFi, la situación se tensa más. Según mi percepción, el tiempo de tranquilidad suele ser de 45 minutos en España, mientras que podría ser 2 horas en Corea.

La experiencia de ir al supermercado es algo que todo viajero debe hacer cuando va al extranjero. En Corea puedes ver enormes tubérculos y secciones enteras con encurtidos, lamyon (ramen) y derivados de la soja. Pero lo que echo de menos es el etiquetado: en Corea todo producto lleva las calorías indicadas claramente. Eso hace que rápidamente puedas ver si lo que estás comprando son bombas de azucar o comida sana.

Friday nightNo echo de menos pasear por las calles de Seúl, pues es toda una aventura. Cruzas el paso de cebra y un taxista se salta el semáforo casi rozándote. Vas por una calle con acera y una moto con remolque aparece de la nada obligándote a saltar a un lado. La educación vial ausente contrasta con la educación tradicional. El rápido desarrollo tras la postguerra marcó una sociedad con la necesidad de rapidez, ignorando toda respeto al volante. Si paseas un buen rato acabas de los nervios. Contraste total con Barcelona, donde las señales se respetan y sabes que no te espera una sorpresa a cada esquina. El único punto malo de las calles de Barcelona es el omnipresente olor a excrementos de perro y el tabaco.

Sorprendentemente echo de menos la comida japonesa. Al respecto a la coreana, tengo un restaurante coreano fabuloso cerca de casa, que suple mi esporádica necesidad de kimchi. Pero Seúl está plagado de japoneses, que se acercan en sabor a los de Japón. En España se asocia la comida japonesa al sushi, y encontrar un japonés auténtico, con su ramen (¡sin maiz!) o su donburi (con cebolla caramelizada), es difícil.

Echo de menos la gente honrada, por ejemplo los caseros que te devuelven la fianza completa al momento de devolverle las llaves de la casa. Echo de menos la vitalidad de la ciudad, donde todo está abierto a todas horas. Pero no echo de menos el aire contaminado. Ni tampoco las horribles websites coreanas.

Finalmente, echo de menos el baduk. Poder ver partidas en directo. Físicamente en el mismo lugar, o desde casa por televisión. La diferencia horaria con Europa hace que todos los grandes encuentros sean de madrugada. Al despertar ya todo se ha acabado.

Las 3 cosas más sorprendentes en Corea

La puertecita del metro
puertecitaLos tornos de acceso al metro de Seúl se bloquean si intentas entrar sin pagar. Algo normal en cualquier suburbano del mundo. Sin embargo, a un lado tienes una pequeña puerta, tocas el botón, suena una música y se abre. Sin pagar. Se supone que está pensada por si tienes algún problema, para poder entrar y salir libremente. Cosas como perder la cartera, tener una tarjeta de transporte defectuosa o ir con una prisa extrema (como podría deducirse de la imagen). La música está para alertar al resto de usuarios que está entrando alguien, pero es tan habitual que la ignoran. Algo así en España significaría una cola enorme para entrar sin pagar. Pero aquí, como el metro realmente es un servicio público, y los coreanos tienen un sentido colectivo desarrollado, la puertecita funciona.

Los recicladores responsables
El reciclaje en Seúl es muy variado: básicamente porque cada distrito tiene sus propias reglas. Algunos obligan a separar hasta 4 distintos tipos de plásticos, mientras otros con separar el plástico del orgánico ya están satisfechos. Eso queda en contraposición a que muchos coreanos acaban tirando todo a la basura genérica, a pesar de tener cubos bien diferenciados en la salida de cada edificio. Por otro lado, ancianos con poca pensión suelen dedicarse a recoger basura reciclable: cartones, latas, etc. Pasan por cada edificio, y con un cutter en la mano abren la bolsa de basura, sacan lo que encuentran de “valor” y vuelven a cerrar la bolsa, precintándola con cinta adhesiva. Lo dejan todo ordenado, así que ningún vecino se queja. La educación por encima de la subsistencia, porque no sé cuanta pérdida será el gasto de cinta adhesiva.

El portátil seguro en cafeterías
portatil en cafeteríaLas cafeterías en Corea son caras (entre 2€ y 5€ la taza). Pero porque pagas el espacio, no el café. Así que puedes estar toda la tarde en una cafetería sin necesidad de pedir una segunda taza. Esto las convierte en el lugar de estudio favorito de muchos universitarios. Con WiFi siempre gratis, también incluida en el precio de la taza, despliegas en la mesa portátil y teléfono. ¿Hay que ir al baño, o a la calle a hacer una llamada? No es problema, dejas tu electrónica en la mesa y te vas. Nadie te va a robar. Hay casos extremos, de gente que desaparece hasta 1 hora, dejando de todo en la mesa. Confía en que el resto de la gente hará de vigilantes, al estar en una sociedad colectivista.

De estas 3 cosas sorprendentes, la que más habitúo es la tercera. Aunque no soy tan atrevido (o ingenuo) como algunos coreanos, y si estoy solo y no estoy en una cafetería de dueños conocidos, prefiero esperar y pasar por el baño justo antes de salir. ¡Costumbres de occidente!