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Desde Corea, ¿a dónde?

España y Corea-JapónEl próximo fin de semana estaré por Osaka paseando. Dicho así, parece un vuelo largo y exótico, pero viviendo en Seúl es como ir de Barcelona a Sevilla de fin de semana. 830Km, una hora de vuelo.

Para tener una idea de distancias solo hay que ver esta imagen de Corea y Japón con la silueta de la península ibérica superpuesta.

Si tomamos Corea como campamento base, Japón queda muy cerca.

También se puede a volar a China en menos de 2 horas, aunque requiere visado. Por ejemplo Seúl-Pekín es como Barcelona-Cádiz.

El siguiente país “libre para turismo” (sin pedir visado) es Taiwan. Seúl-Taipei son 1500Km, o sea, un Barcelona-Berlín.

Por proximidad el siguiente país es Mongolia, que requiere visado y es poco conocido. Un Seúl-Ulán Bator es como Barcelona-Varsovia.

Y para el sur hay numerosas opciones, algunas lejanas pero sorprendentemente baratas. A Filipinas, Seúl-Manila es Barcelona-Helsinki. A Vietnam, un Seúl-Hanoi también es como Barcelona-Helsinki. A Guam (una isla de EEUU en el Pacífico), Seúl-Guam es un poco más que Barcelona-Moscú.

La verdad es que Corea no es mala base para visitar el lejano oriente, aunque creo que la base ideal es Taiwan, porque permite acceder a todos los archipiélagos (Filipinas, Indonesia, etc) con mayor rapidez.

Abueletes coreanos en Barcelona

abuelos en BarcelonaEsta semana empezaron a emitir “abuelos mejor que flores (꽃보다 할배)(*), un programa del canal TnV tvN coreano que narra las vivencias de varios ancianos famosos coreanos de viaje por España. De momento han hecho el capítulo 1, la preparación del viaje y la llegada a Barcelona.

Aparte del típico estilo de reality show con textos sobreimpresos continuamente, es curioso ver Barcelona desde otros ojos. Especialmente desde ojos de viejos coreanos. El más viejo del grupo es el jefe (pura sociedad coreana), que se estudia mapas y pregunta siempre por direcciones: es el único que habla inglés, para colmo.

abuelo viejoLas sorpresas son continuas. Uno de ellos carga con varias botellas de soju (alcohol coreano) pero sorprendentemente le dejan pasar en la conexión en el aeropuerto de París. Llegan por la noche al Prat, y en lugar de tomar un taxi hasta el hostal, deciden ir en Aerobus hasta Plaça Catalunya. Medio perdidos aprovechan para cenar tapas en Passeig de Gracia (por un riñón, imagino). El jefe se para a preguntar por la calle Consell de Cent, y olvida su maleta, que milagrosamente no se la roban. Vuelve a preguntar a unas chicas en la calle, y como un viejo verde continua una conversación vacía. Y caminando a media noche hasta el hostal.

abuelos en can BarçaEn Corea descubrí la gran pasión que tienen los coreanos por Barcelona, a pesar de no haber vuelo directo. “La ciudad de Gaudí” es casi tan onírica como “el romanticismo de París”. La ven como la ciudad perfecta “española”, a pesar que muchos conocen detalles sobre el hecho catalán.

Curiosamente, los coreanos no suelen ir de hotel, sino que se alojan en hostales coreanos, casas particulares de coreanos que habilitan habitaciones para alquiler. Es un estilo de hospedaje que en Corea se ha mantenido con el paso del tiempo (de hecho el coreano tiene una palabra específica, 민박). Los precios en Barcelona son equivalentes a hoteles, pero ofrecen desayuno coreano (arroz y encurtidos varios) y guía en coreano.

¡Espero con ganas el siguiente capítulo del programa! Es emocionante ver Barcelona así.

(*) La expresión del coreano “mejor que flores” es una manera de ensalzar personas, una forma de hablar de difícil traducción al español.

En la tierra del tokboki

MenuLa primera vez que fui a Corea solía comer en un pequeño restaurante cercano a mi alojamiento. Sin saber casi nada de coreano, ni gastronomía, siempre solíamos pedir lamyon (la versión coreana del ramen). Pero un día, junto al compañero de piso californiano, decidimos probar cosas al azar, señalando en el menú…

Fue la primera vez que comí tokboki (떡볶이, romanizado como “tteokbokki”). Era enero, con temperaturas negativas de dos dígitos, pero de postre tomé helado. Al pagarle, el camarero me dijo “hot, hot?”. Era lo más picante que había comido nunca, pero me acabé el plato.

Años después, ya acostumbrado al picante coreano, puedo comerlo sin mayor problema. El tokboki (“tteok frito”) es la comida más habitual de los puestos callejeros en Corea, aunque también hay restaurantes especializados (más recomendables). Y este fin de semana fui al “origen”.

Sindang-dong tteokbokkiEn 1953, recien acabada la guerra de Corea, una anciana llamada Mabokrim instaló su restaurante en un solar en el barrio de Sindang-dong en Seúl. En aquellos tiempos el tokboki era salado, mezcla de freir tteok (pasta de arroz) con carne y vegetales. Una receta que venía de la dinastia Joseon. Pero a esta señora se le ocurrió añadir gochujang (salsa de chile). El resultado, tokboki picante, fue tal éxito que rápidamente se extendió por toda Corea, debido a su precio barato y buen sabor.

Sindang-dong tteokbokkiEl restaurante todavía sigue en Sindang-dong, y alrededor del mismo se ha formado una calle con restaurantes similares. Los coreanos la consideran el kilómetro cero del tokboki. De hecho, los propios restauradores han creado la denominación “Sindang-dong tokboki”.

Probé a comer en Sindang-dong, y estaba bastante bueno, pero nada que no pudiera comer en cualquier restaurante similar en Seúl. La olla base incluía tteokk, lamyon, fideos de arroz, vegetales, empanadas fritas y chile. Paradójicamente todo el mundo comía con tenedor, ya que no habían palillos. Tras la comida, un par de imprescindibles yogures ayudaron a asentar la bomba en el estómago. Mi recomendación es ir a Sindang-dong solo si estas muy aburrido.