Los tés del confinamiento

By | 2020-07-02

PARTE 1

Era un jueves, concretamente el 12 de marzo, cuando mi jefe nos reunió y nos confirmó que desde aquel mismo momento cerraban oficina y nos permitían trabajar desde casa. Empaqueté el portátil junto con algunos tés que tenía en mi mesa de trabajo, y fui caminando hasta casa. Pasaba cada día por delante del Hospital Clinic, viendo con indiferencia como cada día aumentaban las cámaras de TV instaladas enfrente, así como los curiosos. 800 y pico infectados ese día. El último día de la vieja normalidad.

Pero viajando desde Taiwan había un paquete de tés. Con la mala suerte que llegaron a la oficina, cerrada, justo al día siguiente. Tuve que esperar otras 24 horas para personarme en la oficina de correos más cercana, para intentar recuperarlo, aun sin tener la notificación de entrega fallida. Por suerte, el paquete que me había enviado Antonio de Prueba-té estaba allí. Entré a casa con mi tesoro, más valioso al ser la “medicina” para soportar el confinamiento que ordenaron esa misma noche.

Hace más de 10 años, gracias a una buena influencia de un compañero de piso, me aficioné al té Oolong. Fue más tarde, viviendo en Corea, cuando perfeccioné mi conocimiento al visitar asiduamente teterías especialistas. Y a la vuelta a Barcelona y trabajar en una oficina, se convirtió en bebida habitual de trabajo: 3 o 4 tazas grandes al día. Aunque, paradójicamente, hasta que llegó el pedido de Antonio, no me percaté que uno de los caracteres chinos de Oolong (烏龍) era mi querido “dragón”; el otro, “negro” o “cuervo”. Así que Oolong significa textualmente “té del dragón negro”.

En el paquete de té venían varios representativos de la “Illa Formosa”: una versión del Oriental Beauty excelente (“Belleza Perfecta”), el clásico TieGuanJin, y un Four Seasons Spring (“Primavera Eterna”), que Antonio recomendaba para diario, entre otros. Y varias muestras, incluyendo un té negro “Nuevo Atardecer”, dulce como un Darjeeling, pero con poca teína, ideal para la tarde.

Normalmente prefiero los oolongs con poca oxidación, pero al trabajar desde casa, estiro mi tiempo de toma de té. Así que tener una bebida más calmada para la tarde ha sido un buen descubrimiento.

PARTE 2

Era ya mayo, y nadie hubiera imaginado dos meses atrás que nos íbamos a perder la primavera, confinados. A veces, si el viento coincidía, llegaba a nuestra terraza el perfume de las flores de las melias. En el mundo laboral, mis jefes habían decidido no renovar el alquiler de la oficina, así que había que vaciarla. Aproveché una tarde y me acerqué a recoger mis pertenencias.

En la cocina de la oficina habían tés de varios tipos: yo había dejado un verde con arroz tostado que traje de Corea el año pasado, otra gente había dejado varios comprados en Sans & Sans (la mejor tienda de Barcelona), clásicos de bolsa, etc. Viendo que todo se iba a la basura, me apropié de varios: el coreano, un Hojicha, un Lapsang Souchong y un Tai Mu Long Zhu (perlas de verde).

No conocía el Hojicha, te verde japonés con un tueste muy pronunciado, que lo hace muy meloso y con poca teína, ideal para la tarde y noche; incluso en japón se recomienda para niños y ancianos. ¡Otro descubrimiento!

En definitiva, lo que he aprendido en este confinamiento en cuanto a tés se refiere, es que hay interesantes variedades calmadas “de tarde” que a pesar de su color, no perturban el sueño. Siempre daba por sentado que si un té era más oscuro, iba a molestarme por la noche, pero ahora veo que no, gracias a estos dos ejemplos. ¡Salud!

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