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Haciéndose adulto en transporte, en tres etapas

Al poco tiempo de mudarme a Barcelona y empezar a trabajar (circa 2015) se me ocurrió una forma original de emplear mis vacaciones: ir a casa de mis padres en Alicante andando siguiendo la ruta GR-7.

En esos tiempos hacia el trayecto Barcelona-Alicante en avión la mayoría de veces y en tren el resto. Calculando cuanto hubiera tardado andando, siguiendo la ruta GR-7, me salía un mes. Más de 30 días, cuando en 5 horas en tren o 50 minutos en avión llegaba. He ahí la inmensidad de la distancia. Nunca llegué a probarlo.


El año pasado, adelantándome a la moda ecologista de no ir en avión, fui a Alemania en tren. Me sorprendieron varios aspectos del viaje:

  1. La preparación: solo disponía de una web (ecopassenger.org) para buscar combinaciones de tren y diferentes alternativas. (*)
  2. El cansancio: pensaba que hacer 6.5h (Barcelona-París) y luego 3h (París-Karlsruhe) iban a dejarme muerto, pero la verdad es que llegué bastante fresco, tras haber podido trabajar sin problemas en los trenes.
  3. El viaje: entrar en un avión es como cruzar un tubo de metal mágico que te lleva a otro lugar sin ver el trayecto; por contra el tren te permite disfrutar del paisaje a una velocidad que te deja ver los detalles. De hecho, nunca había tenido interés en el sur de Francia, y en ese viaje me daban ganas de apearme en cada ciudad y explorarla.

Ahora el imparable cambio climático nos fuerza éticamente a no tomar un avión, con la alternativa del tren como medio más racional.

Dejar de usar avión es como saltar a la edad adulta: de adolescente podías hacer lo que querías, con todo el tiempo del mundo, sin preocupaciones; hasta que te independizas y compruebas que hay que trabajar para ganar dinero, además de hacer las tareas de casa. Con el avión nos han malcriado, haciéndonos creer que viajar es una actividad rápida, fugaz. Del mismo modo que ingerir una hamburguesa barata no es “comer”. De hecho, la locura llega hasta las ofertas de agencias de viajes a las que pagas una cantidad fija por vuelo y hotel, y te envían un fin de semana a una ciudad sorpresa: no importa la ciudad, solo la foto para alardear.

Lo contrario del avión sería la idea romántica de un viaje, un viaje lento, con tiempo para pensar y experimentar. Aunque sospecho que el futuro es una mezcla de todo: tren pero también avión. Eso si, faltan cambios en los trenes. Falta que los trenes se tomen en serio y ofrezcan horarios decentes, enchufes y WiFi. Falta también que se deje de subvencionar la aviación (p.ej. ryanair) para que la gente vea lo caro que realmente es operar un avión. Falta un cambio de mentalidad en la gente. Un cambio que quizás este calor agobiante empuje.

Mientras tanto, yo sueño con que completen la nueva línea de alta velocidad en el sur de Francia, y que llegar a París sean 4 horas en lugar de 6 y media; todo un sueño contradictorio. Y ojalá un tren como el chino de Pekín-Guanzou, 2300Km (como de Barcelona a Copenhagen) en 8 horitas de nada.

Para que vosotros podáis soñar también, os dejo con el mapa de las líneas de alta velocidad del oeste de Europa:

Todas las imágenes provienen de la wikipedia.

(*) Con el tiempo he encontrado otras webs con información interesante: el tráfico de trenes en directo en Francia y España, un viajero apasionado con los trenes (el hombre del asiento 61), e incluso un buscador de conexiones (loco2).